Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Jóvenes antropólogos

Esta semana un universitario me hizo una entrevista, pues tenía que presentarla en una de sus materias. Con gusto acepté y me sometí a sus preguntas tratando de responder con sinceridad aprovechando que éste pudiera ser un medio para aclarar algunas dudas a otros estudiantes.
He de decir que algunos de sus cuestionamientos me resultaron algo confusos, quizás por ser demasiado amplios. Por ejemplo el primero: ¿Qué significa para mí el ser? ¡Vaya pregunta! Le respondí que el ser es todo aquello que existe, y que independientemente de lo que nosotros podamos opinar sobre la realidad, ésta existe y es como es. Le comenté que, según Sygmunt Bauman, estamos viviendo en una sociedad caracterizada por una concepción líquida de la realidad. Es decir que mucha gente no acepta que ésta sea realmente definida, concreta y estable.
Para muchos jóvenes todo es cambiante: la familia, el sexo, la nacionalidad, los valores, las virtudes… y, por lo mismo, no se deben imponer unas formas de pensar a las que siempre se han considerado como buenas costumbres.
Ante la pregunta de: ¿Cuál pienso que debería ser la prioridad en la sociedad actual? Le dije que estamos viviendo en una profunda crisis del respeto. Hay padres de familia que les faltan al respeto a sus hijos. Los niños y los jóvenes les faltan al respeto a sus mayores: padres, abuelos, maestros…, los esposos se faltan al respeto entre sí, los jóvenes también, cuando se tratan usando palabras ofensivas; algunas mujeres no se respetan a sí mismas cada vez que se dejan tratar como objetos de placer, quizás dejándose llevar por la vanidad en sus formas de vestir, de hablar y de convivir con los demás.
El respeto es la base del trato humano. No se puede amar a quien no se respeta. Por otra parte, hemos llegado a legalizar el asesinato de los no nacidos, esto es, se ha perdido el respeto a la vida. Aquí cabe una contradicción muy seria, pues hay quienes favorecen el aborto de niños y se escandalizan por el maltrato a los animales.
Considero que la juventud está siendo sometida a un proceso de anestesia por la publicidad. Me resulta violento que vean como naturales planes para embriagarse los fines de semana, es decir, para disminuir y anular sus capacidades intelectivas y voluntarias con alcohol y a veces con drogas. A éstos yo los llamo “antropólogos” pues se pasan la semana anhelando que lleguen el viernes y el sábado para ir al antro.
Esta semana también me llegó un mensaje al celular que dice: “Millones de jóvenes quisieran limpiar el planeta. Millones de padres quieren que comiencen por su dormitorio”.


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