Padre  Alejandro Cortés González-Báez  

 

 

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Temperamentos


Nos conviene recordar la definición de tres términos empleados para describir la manera de ser de las personas: Temperamento, carácter y personalidad.
El temperamento, desde Hipócrates (460-370 a. C.), que propuso el modelo de los cuatro temperamentos (flemático, colérico, melancólico y sanguíneo), hasta la actualidad, es considerado como el conjunto de cualidades biológicas heredadas que determina la forma de ser de una persona y le mueven a actuar de una manera peculiar durante toda su vida. La mayoría de los autores afirman la existencia de varios rasgos de temperamento presentes en todas las personas, pero con una intensidad diversa, que tienen que ver con el modo de ser afectivo (neuroticismo y emotividad); con el modo de actuar (actividad-pasividad y activo-reflexivo); y con la actitud social (extroversión- introversión).
El carácter es el conjunto de cualidades psicológicas y de comportamiento que han sido adquiridas por aprendizaje, especialmente en los primeros años de la vida. Es estable, por haberse adquirido tempranamente, pero más susceptible de cambio por reaprendizaje que el temperamento, que está determinado por la constitución biológica.
La personalidad es algo distintivo y propio de cada individuo, y, por lo tanto, diferente a la de los demás, que le lleva a actuar de una manera semejante y permanente en situaciones diversas, y que los demás reconocen como su particular modo de ser. Está formada por un sistema organizado de rasgos (o cualidades, o dimensiones, o características), que son modos particulares de percibir, sentir, pensar y actuar aprendidos a partir de la predisposición biológica y por la experiencia, y determinan la peculiar manera de comportarse de ese individuo en cada momento.
Conocer estas formas de catalogar a las personas por sus reacciones puede ser útil, pero de ninguna manera nos capacita para cambiar su forma de sentir, pensar y actuar. Sí nos puede permitir partir de unas bases para saber interactuar con los demás, especialmente en el ámbito familiar, sobe todo cuando se juega el papel de padre o madre en la educación de los hijos. Conclusión: No hay recetas fijas para todos.

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